Altar de muertos: historia, significado y elementos de la ofrenda
Qué lleva el altar de muertos y qué significa cada elemento según el INPI, el INAH y la UNAM: agua, sal, copal, cempasúchil, velas y su doble origen.
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Foto: a01328643_eduardo (Wikimedia Commons) / CC BY-SA 4.0Un altar de muertos, u ofrenda, es la mesa que las familias arman en casa para recibir a sus difuntos con agua, sal, velas, copal, flor de cempasúchil, comida y el retrato de quien murió. El Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) explica el sentido de cada elemento, y la UNESCO describe la fiesta como una fusión de ritos prehispánicos y celebraciones católicas que vuelve el 1 y el 2 de noviembre de 2026. Cuánto pesa cada una de esas raíces depende de a quién se le pregunte.
Fuentes oficiales y académicas (INPI, INAH, UNAM, Secretaría de Cultura, Profeco y UNESCO), consultadas el 20 de octubre de 2026.
Lo esencial
- Para el INPI, ofrendar es estar cerca de los muertos para dialogar con su recuerdo y con su vida.
- Según la Profeco, la mayoría de las ofrendas llevan cempasúchil, pan de muerto, copal, velas, agua y el retrato del difunto.
- Sobre el origen hay dos lecturas: una investigación que publica el INAH y una académica de la UNAM ubican la fiesta en la tradición católica europea, mientras otro texto del INAH y la UNESCO subrayan su raíz prehispánica.
- En la tradición popular, el 1 de noviembre es para los niños y el 2 para los adultos.
- La UNESCO inscribió las fiestas indígenas dedicadas a los muertos en su Lista Representativa en 2008.
Qué es una ofrenda de muertos
Ofrendar es «estar cerca de nuestros muertos para dialogar con su recuerdo, con su vida», en palabras del INPI[1]. La UNESCO lo explica de otra manera: lo que se celebra es el retorno transitorio a la tierra de los familiares y seres queridos fallecidos[6].
En la práctica, la ofrenda se arma sobre una mesa o un mueble de la casa. La Profeco enumera lo que aparece en la mayoría: flores de cempasúchil, pan de muerto, incensarios con copal, velas, agua y el retrato del difunto[2]. Lo demás cambia de una casa a otra y de una región a otra.
Y no hay una sola ofrenda «correcta»: en Yucatán, según la investigadora del INAH Carmen Morales Valderrama, en los altares «no hay cempasúchil, ni calaveras ni pan con azúcar»[7].
Los niveles del altar
Cada octubre se repite la pregunta: ¿cuántos niveles debe tener un altar? Ana Bella Pérez Castro, del Instituto de Investigaciones Antropológicas (IIA) de la UNAM, describe una ofrenda escalonada: en el primer nivel van las imágenes de santos; en el segundo, las fotos de los familiares fallecidos, y en el tercero, los alimentos que les gustaban en vida[5]. Ni el INPI ni la UNAM fijan un número obligatorio de niveles.
Origen del altar de muertos: dos raíces
La UNESCO habla de una «fusión entre ritos religiosos prehispánicos y fiestas católicas»[6]. La Profeco, que cita a la Secretaría de Cultura, también describe la festividad como producto de dos tradiciones culturales, la hispana y la prehispánica[2]. Las fuentes discrepan en cuál de las dos explica el altar que hoy se pone en las casas.
La raíz prehispánica
Según el INAH, los mexicas tenían celebraciones funerarias en por lo menos cuatro de las veintenas de su calendario: la octava, Miccailhuitontli (Fiesta pequeña de los muertos); la novena, Huey Miccailhuitl (Gran fiesta de los muertos); la decimotercera, Tepeilhuitl (Fiesta de los cerros), y la decimosexta, Tititl (encogimiento o envejecimiento)[3]. En Tititl, los hijos o parientes hacían cada año una celebración en memoria llamada quixebilotia[3]. Otro texto del instituto presenta esas festividades como parte de las raíces prehispánicas del actual Día de Muertos[4].
Los antiguos nahuas creían que el teyolía (ánima o esencia) podía ir a 4 lugares, explica el INAH. Los niños muertos durante la lactancia iban al Chichihualcuauhco, el «árbol nodriza», y quienes morían por un rayo o por enfermedades relacionadas con el agua iban al Tlalocan[4]. El Mictlán tenía 9 niveles y el teyolía tenía que esperar 4 años antes de emprender su viaje al inframundo, cuyo último nivel, Chiucnauhmictlan, gobernaban Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl[4].
Diana Martínez Yrizar, también del IIA de la UNAM, asocia la idea indígena de ofrendar a los muertos con la época agrícola: se les ofrecía para que ayudaran a tener buenas cosechas[5]. Según Martínez Yrizar, en las tumbas de los señores nobles las excavaciones han encontrado piedras preciosas, artefactos, sirvientes y hasta perros[5].
Amparo Rincón Pérez, del Museo Nacional de Culturas Populares, habla de un calendario ritual de 260 días que termina justo el 2 de noviembre y lo asocia con el agradecimiento a la Tierra y el cierre de un ciclo[7]. (La cita no aclara cómo un calendario de 260 días coincide cada año con la misma fecha del calendario gregoriano.)
La raíz europea y novohispana
La investigación de Santos Ramírez que publica el INAH sostiene que el Día de Muertos no es de origen prehispánico[3]. Según ese texto, las fiestas del 1 y 2 de noviembre surgieron en la Europa medieval, las instituyó la Iglesia católica y llegaron a México en el siglo XVI, poco después de la conquista española[3].
Desde la UNAM, Pérez Castro coincide: ofrendar en los días de los fieles difuntos viene de la tradición española y llegó a México con la religión católica durante la Conquista[5]. Los españoles colocaban pequeños altares con pan de trigo, veladoras, lámparas de aceite, sal y agua. En cambio, la costumbre de poner altares como se conocen hoy no existía en el México prehispánico, donde las ofrendas eran para dioses como Tláloc, Huitzilopochtli, Mictlantecuhtli o Tezcatlipoca[5].
La cronología que reúne el INAH tiene estos hitos[3]:
- A finales del siglo XV, los dominicos españoles establecieron la costumbre de celebrar tres misas el 2 de noviembre.
- Entre 1535 y 1540, Motolinía registró ofrendas de los indígenas a sus difuntos.
- 1656: Jacinto de la Serna escribió sobre ofrendas indígenas a los muertos.
- Entre 1740 y 1754, Benedicto XIV concedió el privilegio de las tres misas a los sacerdotes de España, Portugal y América Latina.
- 1915: Benedicto XV lo extendió a todos los sacerdotes.
Del siglo XIX al cardenismo
En el siglo XIX, en la verbena de Todos Santos se vendían calaveras de azúcar, borregos de alfeñique, calabaza en tacha y frutas cubiertas, según el INAH[3]. A mediados de ese siglo se crearon panteones como medida higiénica ante posibles epidemias y dejaron de hacerse entierros en las iglesias[3].
Para el instituto, los grabados de José Guadalupe Posada muestran cómo a inicios del siglo XX la fiesta perdió su carácter sagrado y se volvió diversión[3]. Elsa Malvido, citada en el mismo especial del INAH, sitúa en el cardenismo (1934-1940) el momento en que las fiestas del 1 y 2 de noviembre fueron «reinventadas»[3]. Sobre el país de esa época puedes leer cómo era México en aquellos años.
Elementos del altar de muertos y su significado
El INPI publicó el 23 de octubre de 2019 un recuento de los elementos de la ofrenda con el sentido de cada uno[1]. Cuando otra institución da una versión distinta, la tabla lo indica.
| Elemento | Qué significa | Quién lo dice |
|---|---|---|
| Agua | Calma la sed de las ánimas después de su largo recorrido; en algunas culturas simboliza la pureza del alma | INPI |
| Sal | Purifica, para que el cuerpo no se corrompa en su viaje de ida y vuelta | INPI |
| Velas y veladoras | En varias comunidades indígenas, cada vela representa a un difunto | INPI |
| Cuatro cirios en cruz | Los cuatro puntos cardinales, para que el ánima se oriente | INPI |
| Cirios o candeleros morados | Señal de duelo | INPI |
| Copal e incienso | Limpian el lugar de malos espíritus para que el alma entre a su casa sin peligro | INPI |
| Cempasúchil | «Veinte flor» en náhuatl; para el SIAP, «veinte flores» o «varias flores» | INPI; SIAP citado por la Profeco |
| Caminos de pétalos | Guían al difunto del camposanto a la ofrenda y de regreso | INPI |
| Petate | Cama, mesa o mortaja; de día, descanso de las ánimas y mantel de los alimentos | INPI |
| Perro izcuintle | Ayuda a las almas a cruzar el río Chiconauhuapan, último paso para llegar al Mictlán | INPI |
| Retrato del difunto | Debe quedar escondido, visible solo con un espejo | INPI |
Velas, copal y flores: quién aportó qué
El INPI divide el altar entre dos herencias. Los europeos pusieron algunas flores, ceras, velas y veladoras; los indígenas agregaron el sahumerio con copal, la comida y la flor de cempasúchil[1]. Antes de que hubiera velas, los antiguos mexicanos usaban rajas de ocote.
Los indígenas ofrecían copal a sus dioses porque todavía no conocían el incienso, que llegó con los españoles, explica el instituto[1]. Creían también que el cempasúchil era una planta curativa. El Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), citado por la Profeco, explica que los antepasados asemejaban el amarillo de la flor con el sol[2].
El SIAP estima que en México crecen 35 de las 58 especies de cempasúchil que existen en América, y la Profeco señala que Guanajuato, Hidalgo, Michoacán y el Estado de México tienen las mejores condiciones de suelo y clima para producirla[2]. Los pétalos también salen de la casa: según la UNESCO, las familias los esparcen y ponen velas y ofrendas a lo largo del camino que va de la casa al cementerio[6].
Pan, calaveras y comida
El INPI da una lectura de los golletes y las cañas que remite al tzompantli: los panes simbolizan los cráneos de los enemigos vencidos y las cañas, las varas donde se ensartaban[1]. Esa interpretación es del instituto; ni el INAH ni la UNAM la mencionan en los textos citados.
Las calaveras de azúcar también tienen su orden, según el INPI: las medianas aluden a la muerte siempre presente, las chicas se dedican a la Santísima Trinidad y la grande al Padre Eterno[1]. Las otras calaveras de la temporada son las calaveritas literarias.

De acuerdo con el INPI, el mole con pollo, gallina o guajolote es el platillo favorito que muchos indígenas de todo el país ponen en el altar[1]. Las recetas cambian de un estado a otro, como muestra esta guía de la gastronomía mexicana por región.
En algunos lugares de Oaxaca, la UNAM documenta cañas de azúcar que forman un arco triunfal para dar la bienvenida a las almas[5]. En Santa Catarina Minas, el arco de carrizo con guirnaldas de tejocote, níspero o nanche representa la entrada al Paraíso, según la Secretaría de Cultura[7].
El retrato, ¿a la vista o escondido?
La indicación del INPI sobre la fotografía sorprende a más de una familia: el retrato del difunto debe quedar escondido, de manera que solo pueda verse con un espejo[1]. Pero la Profeco incluye el retrato entre los elementos típicos de la mayoría de las ofrendas y no dice nada de esconderlo[2].
El altar de los angelitos
Según el INPI, la ofrenda dedicada a los niños se elabora el 31 de octubre y sus ánimas llegan el primero de noviembre[1]. Las flores y los candelabros de ese altar tienen que ser blancos porque simbolizan la pureza, y todo se hace a escala reducida, sin los objetos de los altares de adultos.
La comida no debe condimentarse con chile, «porque les haría daño»[1]. Pérez Castro confirma desde la UNAM que a los niños se les ponían, y todavía se les ponen, dulces y alimentos sin picante[5]. Los dulces propios de los niños muertos son los de alfeñique, una pasta de azúcar con la que se hacen figuras[1].
Fechas y variantes regionales
Las fiestas indígenas dedicadas a los muertos tienen lugar cada año a finales de octubre y principios de noviembre, cuando termina el ciclo anual del maíz, el cultivo predominante en el país, explica la UNESCO[6]. La Profeco coincide en el caso de los pueblos campesinos: la fiesta llega con el fin del ciclo del maíz de temporal y de la calabaza[2]. Según la UNESCO, los muertos se dividen en categorías según la causa del fallecimiento, la edad, el sexo y, en ciertos casos, la profesión, y cada categoría tiene un día de culto[6].
| Fecha | A quién se recuerda | Dónde y quién lo dice |
|---|---|---|
| 28 de octubre | Los muertos en accidente | Algunos lugares (Profeco) |
| 29 de octubre | Empieza el Xantolo, cuando ya se recogieron las primeras cosechas de elotes | Huasteca (Secretaría de Cultura) |
| 30 de octubre | Llegan las almas de los limbos, niños muertos sin bautizar | Algunos lugares (Profeco) |
| 31 de octubre | Los angelitos: niños o personas que murieron solteras hasta los 25 años | Cuanajo, Michoacán (Secretaría de Cultura) |
| 1 de noviembre | Todos Santos en el calendario católico; muertos chiquitos o niños en la tradición popular; adultos en Cuanajo | Profeco; Secretaría de Cultura |
| 2 de noviembre | Fieles Difuntos; adultos o muertos grandes; en Cuanajo, despedida de las ánimas con comida y cohetes | Profeco; Secretaría de Cultura |
| 29 de noviembre | Día de San Andrés: termina la convivencia de los difuntos con los vivos | Huasteca veracruzana (Secretaría de Cultura) |
En Chicontepec, Veracruz, la celebración no se limita a los primeros días de noviembre y empieza desde mayo[7]. Michoacán es uno de los estados donde más se aprecia la tradición, y ahí la gente convive con sus difuntos en los panteones, según Martínez Yrizar[5].
Patrimonio de la humanidad y cuántos ponen altar
Según la Secretaría de Cultura, la UNESCO distinguió el Día de Muertos el 7 de noviembre de 2003 como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad[7]. En 2008 inscribió «Las fiestas indígenas dedicadas a los muertos» en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad[6].
¿Cuántas familias ponen ofrenda? El dato disponible es viejo. Viene de una encuesta de Ofertia de 2019 que cita la Profeco, respondida por 645 usuarios mayores de 18 años (69 % mujeres y 31 % hombres)[2].
En esa encuesta, el 56 % dijo festejar el Día de Muertos y el 79 % dijo poner altar de muertos. El 60 % declaró gastar como máximo $300 pesos en decoración y dulces[2].
Fuentes
- Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, «¿Conoces el significado de los elementos de una ofrenda de Día de Muertos?», 23 de octubre de 2019. Consultado el 20 de octubre de 2026.
- Procuraduría Federal del Consumidor, «Evocar a los difuntos desde casa». Consultado el 20 de octubre de 2026.
- Instituto Nacional de Antropología e Historia, «El origen del Día de Muertos». Consultado el 20 de octubre de 2026.
- Instituto Nacional de Antropología e Historia, «El culto a los muertos en la época prehispánica y el viaje al Mictlán». Consultado el 20 de octubre de 2026.
- UNAM Global, «Ofrendas del Día de Muertos, herencia prehispánica y de la Colonia». Consultado el 20 de octubre de 2026.
- UNESCO, «Las fiestas indígenas dedicadas a los muertos». Consultado el 20 de octubre de 2026.
- Secretaría de Cultura, «Día de Muertos, una de las celebraciones fundamentales de la cultura mexicana», 31 de octubre de 2014. Consultado el 20 de octubre de 2026.
Fotos de Wikimedia Commons: a01328643_eduardo (CC BY-SA 4.0), Comunicación wmmx (CC BY-SA 4.0).
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Preguntas frecuentes
¿Qué significan el agua y la sal en el altar de muertos?
Según el INPI, el agua se ofrece a las ánimas para que calmen su sed después de su largo recorrido y, en algunas culturas, simboliza la pureza del alma. La sal es un elemento de purificación: sirve para que el cuerpo no se corrompa en su viaje de ida y vuelta.
¿Qué día se pone la ofrenda de los niños?
El INPI indica que la ofrenda dedicada a los niños se elabora el 31 de octubre y que sus ánimas llegan el 1 de noviembre. En la tradición popular que recoge la Profeco, el día 1 es para los muertos chiquitos o niños y el día 2 para los adultos o muertos grandes.
¿El altar de muertos es de origen prehispánico?
Depende de la fuente. Un texto del INAH sostiene que el Día de Muertos no es de origen prehispánico y que las fiestas del 1 y 2 de noviembre vienen de la Europa medieval. Otro texto del INAH y la UNESCO reconocen raíces prehispánicas en la celebración actual.
¿Qué significa la palabra cempasúchil?
Para el INPI, cempasúchil significa «veinte flor» en náhuatl. El SIAP, citado por la Profeco, la deriva de «Cempohualxochitl» y la traduce como «veinte flores» o «varias flores». Según el SIAP, los antepasados asemejaban el color amarillo de la flor con el sol.
¿Desde cuándo el Día de Muertos es patrimonio de la UNESCO?
La UNESCO distinguió la celebración el 7 de noviembre de 2003 como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, según la Secretaría de Cultura. En 2008 inscribió «Las fiestas indígenas dedicadas a los muertos» en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Escrito por
Redacción Viva México
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